Una estrategia para un sector estratégico: cómo España puede liderar el futuro de las proteínas alternativas
El reconocimiento del sector en la Estrategia Nacional de Alimentación es un primer paso clave. Ahora es el momento de convertir ese impulso en acción con inversión, innovación y un marco que facilite su desarrollo.
La Vega Innova, un centro de capacitación en innovación agroalimentaria, fue el lugar elegido por el Gobierno de España para presentar la nueva Estrategia Nacional de Alimentación. Aunque no tiene carácter legislativo, este documento marcará la agenda del sector en los próximos años, influyendo en las políticas nacionales y en el debate europeo sobre el futuro de la agricultura y la alimentación.
En este contexto, la Estrategia destaca el papel clave de las proteínas alternativas en la innovación alimentaria. Desde la carne plant-based y la carne cultivada hasta los ingredientes obtenidos por fermentación, estas alternativas están ganando terreno debido a la creciente demanda de opciones más saludables y sostenibles, especialmente en un contexto donde se espera que la demanda de carne aumente un 52% para 2050.
Las proteínas alternativas no solo representan una respuesta complementaria ante la creciente demanda alimentaria, difícil de sostener únicamente con los métodos convencionales a largo plazo, sino que también ofrecen a nuestros productores agrícolas la oportunidad de seguir abasteciendo alimentos de calidad, diversificar sus ingresos y asegurar el futuro de su actividad en un mundo en transformación.
El presente y el futuro de las proteínas alternativas
El futuro de la alimentación pasa indudablemente por las proteínas alternativas, pero a su vez las proteínas alternativas son ya parte del presente de la industria alimentaria española. Como reconoce también la Estrategia, contamos con una infraestructura de investigación sólida, con hubs de innovación y centros tecnológicos que están avanzando en el desarrollo de proteínas alternativas.
De hecho, según el ICEX, este sector lidera la innovación agroalimentaria en España, representando el 41,8% de las empresas que desarrollan nuevas tecnologías, ingredientes y productos finales. Sin embargo, a pesar de estos avances, España corre el riesgo de quedarse atrás si no se canaliza el apoyo adecuado hacia este sector emergente.
El ejemplo de otros países europeos es revelador. Dinamarca, por ejemplo, ha destinado 168 millones de euros a la promoción de productos a base de plantas, con el objetivo de fortalecer su industria agroalimentaria y diversificar su economía. Finlandia también ha apostado fuertemente por las startups de fermentación, mientras que los Países Bajos han anunciado una inversión de 60 millones de euros para la investigación y el desarrollo de carne cultivada y fermentación de precisión.
Estas acciones están ayudando a estas naciones a estar a la vanguardia del mercado y a posicionarse como exportadores líderes en el sector de las proteínas alternativas.
La clave está en la investigación y la inversión
La industria agroalimentaria española ha demostrado estar muy orientada a la innovación, especialmente debido a su carácter exportador. Sin embargo, las proteínas alternativas representan una oportunidad para mejorar la competitividad de la industria, crear nuevos puestos de trabajo y abrir nuevos mercados de exportación.
Para alcanzar el liderazgo en este sector, es fundamental superar los cuellos de botella existentes. La falta de infraestructuras para escalar la producción, los obstáculos burocráticos para acceder a financiación de I+D y la necesidad de mayor formación y concienciación sobre estas tecnologías son retos que deben abordarse con urgencia.
«El futuro de la alimentación pasa indudablemente por las proteínas alternativas, pero a su vez las proteínas alternativas son ya parte del presente de la industria alimentaria española»
Además, la optimización de los procesos sigue siendo clave. En la carne vegetal, es necesario mejorar el fraccionamiento de proteínas y el perfil de las grasas vegetales para simular mejor la carne convencional. En la carne cultivada, reducir los costes de los medios de cultivo y mejorar los biorreactores es crucial. Y en la fermentación de precisión, la optimización de cepas y la eficiencia de producción son esenciales para hacer estas alternativas más accesibles y competitivas.
La necesidad de apoyar este sector es aún más evidente cuando se consideran sus beneficios ambientales. Las proteínas alternativas pueden reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de tierra y el consumo de agua en comparación con la carne convencional, lo que las convierte en una herramienta clave para la sostenibilidad alimentaria.
La Estrategia Nacional de Alimentación ha hecho un reconocimiento crucial de las proteínas alternativas, pero ahora es necesario dar un paso más. Si España quiere aprovechar su potencial y liderar el sector en el arco mediterráneo, defendiendo y actualizando nuestra tradición culinaria y llevándola al futuro, es fundamental que se movilicen las inversiones públicas y privadas necesarias en I+D. La innovación debe ser el motor que impulse esta transición hacia un modelo más sostenible, tanto desde el punto de vista económico como medioambiental.
Al igual que con las energías renovables, las administraciones deben reconocer el valor estratégico de las proteínas alternativas y asignar los recursos necesarios para fortalecer este sector. La Estrategia Nacional de Alimentación ha señalado el camino, pero ahora es el momento de poner en marcha acciones concretas.
Si se aprovecha adecuadamente el impulso de esta estrategia, España podrá no solo liderar el desarrollo de las proteínas alternativas en Europa, sino también convertirse en un modelo de sostenibilidad, innovación y crecimiento económico para el resto del mundo.