No son solo armas
Habría que admitir la repulsión contra la guerra como la necesidad de prepararse para ella para disuadir que pueda llegar a producirse
El aumento del gasto de militar español, que pasa de 19.723 millones de euros, que es lo que invierte hoy, a 36.560 millones, se pide que no se abra ningún debate en España ya que es una exigencia de la Unión Europea para lograr armar una industria armamentística y alejar los fantasmas de la guerra.
En varias encuestas publicadas sobre la aceptación o no de enviar tropas a Ucrania, hay una opinión mayoritaria dispuesta a enviar tropas de paz, sin que sepamos si aceptaría enviar tropas de guerra. Mientras enviar tropas para consolidar la paz hace reverdecer la esperanza en un mundo mejor, el envío para defender y luchar por Ucrania la elimina.
El aumento del gasto militar no solo es hablar de armas y el negocio de la guerra sino también de principios, convicciones, de muertos y de destrucción.
Antón Chéjov escribió una carta a a Aleksandr Semiónovich Lazarev (conocido como Suvorin) en 1889, en la que exponía una regla de la dramaturgia: «Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí».
El mismo principio es aplicable a las armas reales, que deberán ser disparadas más tarde o más temprano. Al discutir sobre si se debe o no apoyar el aumento del gasto militar, la cuestión no es si se reducirá el gasto social o si España está en condiciones económicas para cumplirlo, sino que debería recuperar conceptos como la guerra justa, la dimensión moral de la guerra, la visión de los realistas, pragmáticos y pesimistas ante los efectos de la guerra.
Se debería hablar de los riesgos del pacifismo radical para lograr acabar con las tiranías o del error de los realistas de cerrarse a cualquier solución que no acabe con el agresor considerando que no hacerlo implica alentarlo para que siga atacando. Habría que admitir la repulsión contra la guerra como la necesidad de prepararse para ella para disuadir que pueda llegar a producirse.
Al centrarse toda la tensión en la cuestión económica, nos olvidamos que España, con el aumento presupuestario, no se rearma sino que empieza a armarse para poder actuar en el marco de la Unión Europea como un actor secundario que pueda, como mínimo, mostrar su apoyo o su rechazo a las políticas militares que despliegue Francia o Alemania.
Al focalizar quién está a favor o en contra del aumento del gasto militar desde los partidos políticos, se acaba sustituyendo la discusión de fondo sobre la naturaleza de los conflictos bélicos en el siglo XXI por si Pedro Sánchez no logrará mantener la estabilidad de su gobierno.
Es necesario dejar de lado los eufemismos para hablar de una cuestión tan seria como es la guerra, la barbarie que engendra, sus consecuencias: la pérdida de vidas humanas, los desplazamientos humanos y la destrucción de ciudades.
Cada euro destinado a más gasto militar debe obligarnos a enfrentarnos al abismo de prepararnos para la guerra, pues en el futuro, según dicen los expertos, será un mal necesario, que todo el mundo debe apoyar.