El elefante en la cacharrería: el problema de querer solucionarlo todo a la vez
En lugar de avanzar con precisión y eficacia, nuestros esfuerzos se dispersan, creando una cacofonía de políticas que intentan hacerlo todo a la vez
La línea ferroviaria británica HS2 se ha visto forzada a gastar más de cien millones en construir un arco sobre su vía férrea para proteger a los murciélagos que sobrevuelan la zona. La regulación medioambiental ha bloqueado la construcción de 100.000 viviendas pese al mínimo impacto en emisiones de la operación. El gobierno británico rechazó el plan de construir un gran centro de datos en Hampshire bajo el pretexto de que “cambiaría significativamente la fisionomía y el carácter de la zona”. Se trata de una cantera en desuso al lado de una carretera.
En la misma línea, la policía metropolitana de Londres interrumpió la creación de una base de datos de bandas callejeras, la Gangs violence matrix (GVM), porque suponía una sobrerrepresentación de la población masculina de origen extranjero. Asimismo, los hospitales y centros escolares están obligados a comprar frutas y verduras de origen británico, aunque esto suponga menos presupuesto para la provisión de servicios.
En el vertiginoso mundo de la política contemporánea, los gobiernos se enfrentan a la compleja tarea de avanzar en múltiples objetivos a través de una variedad de instrumentos. Sin embargo, según un reciente ensayo de Joe Hill, director de políticas públicas en el think tank británico Reform, esta práctica está minando la eficacia en la toma de decisiones. Hill ha acuñado el concepto de “todismo” (Everythingism) como una patología que impide la formulación de políticas efectivas porque intenta solucionarlo todo a la vez.
Hill escribe: “Los gobiernos tratan de avanzar en sus objetivos a través de muchos instrumentos diferentes —políticas, legislación, medidas económicas, infraestructura nacional y servicios públicos. No solo tienen problemas en priorizar entre los distintos objetivos, sino también en identificar qué instrumentos son los mejores para alcanzar dichos objetivos”.
En nuestro país, las cosas no son muy distintas. La Generalitat de Catalunya bloqueó un proyecto de energía solar fotovoltaica de 6800 kW de potencia impulsado por Port Aventura por su impacto paisajístico. Buena parte de la crítica de la ampliación del aeropuerto de El Prat esgrimía que se debían preservar los patos de la laguna de La Ricarda. Recalificar suelo para construir viviendas en España requiere de media entre diez y quince años, en buena medida por una regulación urbanística que pretende abordar demasiados objetivos a la vez. En el ámbito académico, la mayoría de nuevas convocatorias de ayudas públicas incluyen criterios vinculados a la “igualdad de género” o la “diversidad religiosa”, incluso en campos de investigación donde estos elementos carecen de importancia.
La mayoría de ayudas públicas incluyen criterios vinculados a la “igualdad de género” o la “diversidad religiosa”, incluso en campos donde carecen de importancia
Otro caso paradigmático del todismo que nos acecha es el de nuestra política fiscal, que pretende recaudar, redistribuir, premiar y castigar, todo a la vez. Los tipos reducidos de IVA constituyen una herramienta distributiva muy deficiente. ¿Es eficiente reducir el IVA a las compresas y productos de higiene femenina en pro de la igualdad de género? ¿Por qué las flores y plantas ornamentales tributan al 10% y los ficus, coníferas, helechos, arbustos, plantas trepadoras y cactus tributan al 21%? ¿Por qué los servicios estéticos, saunas y spas tributan al 10% y los servicios de masaje están sujetos al tipo general del 21%? ¿Qué justifica el tipo reducido a la hostelería, la restauración o los paquetes turísticos? El 60% del ahorro derivado de los tipos reducidos del IVA va a parar al 40% de hogares con mayores ingresos. Sería preferible aplicar un tipo único en el IVA y mitigar la posible regresividad mediante un impuesto negativo sobre la renta para las personas de menores ingresos.
El todismo crea un sistema que no aprende. Cuando cada política debe buscar simultáneamente el crecimiento económico, la sostenibilidad ambiental, la inclusión social, el equilibrio regional y otros objetivos, se vuelve extremadamente difícil aislar variables para determinar qué enfoques funcionan para qué propósitos. Podemos trazar un paralelismo con el método científico. Imaginen realizar un experimento donde no se permite controlar variables para establecer correlaciones o causalidades. Lo mismo ocurre cuando cada política debe servir a todos los objetivos. La ciencia avanza probando hipótesis y aislando variables; nuestro enfoque político asume que las respuestas ya se conocen de antemano. Un sistema está diseñado para aprender; el otro pretende saberlo todo.
El todismo prospera en entornos que evitan el conflicto, es decir, los trade-offs. Donde las políticas pueden acumular objetivos, incluso contradictorios entre sí, porque nadie se siente empoderado a tomar decisiones difíciles. Necesitamos un nuevo enfoque en la formulación de políticas públicas, reconociendo que cuando todo es una prioridad, nada lo es. El diagnóstico de Hill apunta a una prescripción clara: debemos recuperar el coraje para priorizar, para asignar instrumentos específicos a propósitos específicos, y para construir instituciones donde sopesar pros y contras, así como el coste de oportunidad de cada medida, sea la regla.
La realidad política actual, caracterizada por una multiplicidad de objetivos y una falta de priorización clara, se asemeja a un elefante en una cacharrería. En lugar de avanzar con precisión y eficacia, nuestros esfuerzos se dispersan, creando una cacofonía de políticas que intentan hacerlo todo a la vez. Un enfoque más disciplinado permitiría a los gobiernos no solo aprender de sus acciones, sino también adaptarse y mejorar continuamente. En resumen, el todismo es una barrera al desarrollo de políticas efectivas. Lo perfecto es enemigo de lo bueno.