Salud, Dinero y, sobre todo, Amor
El ‘World Happiness Report 2025’ nos dice que, aunque los indicadores económicos son importantes, la verdadera felicidad está enraizada en la confianza, la generosidad y las interacciones humanas

La popular canción escrita por Rodolfo Sciammarella, Salud, Dinero y Amor, alude a los tres pilares fundamentales que, según el autor, son esenciales para una vida plena y sin preocupaciones. Sin embargo, el World Happiness Report 2025 (WHR), publicado a finales de marzo, pone en evidencia que la felicidad de una sociedad ─y, por tanto, de sus individuos─ no depende tanto de su prosperidad económica sino, sobre todo, de los vínculos y de la confianza entre sus ciudadanos. Algo que podría parecer obvio pero que, en la práctica, está subestimado.
El Informe Mundial de la Felicidad es una colaboración entre Gallup, el Centro de Investigación del Bienestar de Oxford, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU y el Comité Editorial del WHR. Sus conclusiones se basan en los datos de la Encuesta Mundial de Gallup, en 147 países, y otras fuentes, como la Encuesta Mundial de Riesgos de la Fundación Lloyd’s Register. Datos que son analizados por destacados expertos en ciencias del bienestar (economía, psicología, sociología y otras disciplinas); utilizando para ello factores como el PIB per cápita, la esperanza de vida saludable, la posibilidad de contar con alguien, la sensación de libertad, la generosidad y la percepción de corrupción, entre otras variables.
En cuanto a la felicidad, el informe destaca las cuestiones centradas en el “cuidar y compartir”. Además, revela que las personas son mucho más amables de lo que esperamos y que las pequeñas acciones de bondad y la cohesión social tienen un impacto mucho mayor del que solemos atribuirles en la felicidad.
Uno de los hallazgos más reveladores es sobre la devolución de billeteras perdidas. Mientras que la percepción general es que la mayoría de las personas no las devolvería, los datos muestran que las tasas reales de devolución de carteras han sido, aproximadamente, el doble de las esperadas. Según el informe, esto no solo es un síntoma de una sociedad con confianza, sino que también influye en los niveles generales de felicidad de una población.
También comer en compañía está estrechamente vinculado con el bienestar en todas las regiones del mundo. Sin embargo, el número de personas que cenan solas en Estados Unidos ha aumentado un 53 % en las últimas dos décadas.
Lo mismo que ocurre con el tamaño familiar, dándose que, tanto en México como en Europa, cuando cuatro o cinco personas viven juntas disfrutan de los niveles más altos de felicidad. En cambio, cada vez más personas viven o se sienten solas. En 2023, el 19 % de los adultos jóvenes de todo el mundo declaró no contar con nadie para recibir apoyo social. Esto representa un aumento del 39 % en comparación con 2006.
La falta de estas conexiones humanas no solo afecta al bienestar emocional, sino que también puede tener consecuencias en la salud mental y física de las personas, aumentando la prevalencia de enfermedades relacionadas con el estrés y la ansiedad. Asimismo, las muertes por desesperación son menos frecuentes en países donde los actos benéficos son más frecuentes.
En el plano político, el informe establece un vínculo entre el descenso de la confianza social y el aumento de la polarización política. La creciente desconfianza en los sistemas y en los demás genera un círculo vicioso en el que el descontento social alimenta el apoyo a opciones políticas extremas. De hecho, el estudio sugiere que la solución a la crisis de confianza no pasa exclusivamente por reformas estructurales o económicas, sino también por estrategias que fomenten el bienestar social y la cooperación entre individuos.
Por otra parte, la eficacia de las organizaciones benéficas para mejorar el bienestar varía mucho, con evidencia de que algunas iniciativas son mucho más efectivas en aumentar la felicidad por cada donación que gestionan. Lo que plantea preguntas importantes sobre la dirección de los esfuerzos filantrópicos y la necesidad de evaluar cómo maximizar su impacto.
Con todo ello, las clasificaciones de los países se basan en un promedio trienal de la evaluación de la calidad de vida de cada población. Así, por octavo año consecutivo, Finlandia lidera el mundo en felicidad, con una puntuación media de 7,736 (sobre 10) en sus vidas; seguida de Dinamarca (2ª con 7,521) e Islandia (3ª y 7,515 puntos). Costa Rica (6º) y México (10º) entran al top 10 por primera vez, mientras que las tendencias al alza en países como Lituania (16º), Eslovenia (19º) y Chequia (20º) subrayan la convergencia de los niveles de felicidad entre Europa Oriental, Central y Occidental.
Por nuestra parte, la sociedad española se sitúa en el puesto 38º del ranking de la felicidad a nivel mundial, con una puntuación media de 6,466. Mientras que nuestros vecinos figuran en el puesto 33º, en el caso de Francia (con 6,593 puntos); en el 40º en el caso de Italia (6,415 puntos) y en el 60º en el caso de Portugal (con 6,013).
También en este ámbito de la vida, Estados Unidos (24º) cae a su posición histórica más baja; mientras que el Reino Unido (23º) reporta su peor evaluación media desde 2017. Según el propio informe, la disminución de la felicidad y de la confianza social en EE. UU. y partes de Europa se combinan para explicar el auge y la dirección de la polarización política y los votos antisistema.
Cierran la clasificación de este informe Afganistán, en el puesto 147º y 1,364 puntos en el índice mundial de felicidad; seguido de Sierra Leona, 146ª, con 2,998 puntos.
En resumen, el World Happiness Report 2025 nos dice que, aunque los indicadores económicos son importantes, la verdadera felicidad está enraizada en la confianza, la generosidad y las interacciones humanas. En un mundo cada vez más fragmentado, las políticas y acciones que fomenten estos valores podrían ser clave para construir sociedades más felices y resilientes.
Una conclusión similar a la que recoge la expresión también popular de que “el dinero no da la felicidad”, aunque poco caso le hagamos. Según diversos estudios, más allá de cubrir las necesidades básicas y proporcionar una vida cómoda, el aumento de ingresos no se traduce en felicidad. Pero por el ahínco, deseo, tiempo, esfuerzos y demás recursos vitales que le dedicamos, tanto individual, social y culturalmente, estamos empecinados en lo material a costa de empeñar nuestra felicidad.