Sánchez viaja a China y Vietnam en plena guerra arancelaria: España compra 50.000 millones y vende 8.000
El presidente viaja a ambas potencias asiáticas para abrir camino a empresas españolas en campos como el agrícola, el ferroviario o farmacéutico
Sánchez viaja a China y Vietnam para «equilibrar» la relación comercial: compras de 50.000M y ventas de 8.000M
Si las puertas se cierran en Occidente, España mira a Oriente. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitará la próxima semana a China y Vietnam con el objetivo de abrir el mercado para las empresa españolas en esos dos país, en plena escalada comercial con Estados Unidos, después de que el presidente Donald Trump haya cumplido su amenaza de imponer aranceles a prácticamente todo el mundo.
Precisamente ambas potencias asiáticas son las dos más golpeadas por las tasas impuestas por la Casa Blanca. Pekín soportará tarifas del 54% y ya ha anunciado represalias. Por su parte, para Vietnam la Casa Blanca ha fijado aranceles del 46%. Esta es una oportunidad clave para La Moncloa, que no cree que estos mercados puedan sustituir el vigor de Estados Unidos, pero podría redirigirse parte de la inversión y de las compraventas que están ahora en cuestión por las barreras comerciales.
El objetivo principal del viaje del líder del Ejecutivo, que pasará tres días en el continente asiático con carteras económicas importantes debajo del brazo, es «equilibrar» la relación comercial de nuestro país con ambas potencias, según han detallado fuentes gubernamentales.
Así, nuestro país compra mercancías a Vietnam por valor de 5.200 millones de euros, pero solo vende manufacturas por 530 millones. En el caso de China, la situación todavía está más descompensada: las importaciones representan 45.000 millones, mientras que las exportaciones españolas son de apenas 7.400 millones. En total, un déficit comercial de 40.000 millones que el Gobierno ahora quiere atajar.
El Gobierno ha fijado una importante agenda económica para los dos días de trabajo en Vietnam y, durante la estancia en Ho Chi Minh (la antigua Saigón y capital económica del país), Sánchez participará en un desayuno con empresas españolas que viajarán con él y participarán en un Foro Empresarial España-Vietnam.
Este país lleva años encadenando crecimientos del producto interior bruto (PIB) por encima del 5% y tiene una población de más de 100 millones de habitantes, un mercado muy interesante para las exportaciones españolas. Hasta ahora, esos 500 millones de euros en ventas a la potencia asiática se producían mediante productos de alto valor añadido, como fármacos, materiales plásticos y eléctricos o perfumería.
Ahora, Sánchez tratará de eliminar barreras que limitan la entrada de productos agropecuarios y fitosanitarios en Vietnam (el campo, uno de los sectores más afectados por la guerra arancelaria de Trump) y también acompañar a compañías españolas para conseguir licitaciones y contratos públicos en los ámbitos ferroviario, gestión del agua y de las energías renovables.
Para ello, el Ejecutivo está diseñando un protocolo financiero de 300 millones de euros en créditos del Fondo para la Internacionalización de la Empresa (FIEM), que depende del Ministerio de Economía, para facilitar su implantación en Vietnam.
El viaje de Sánchez, de tres días, concluirá el viernes 11 con la tercera visita del presidente del Gobierno español al gigante asiático en tres años, una visita que en La Moncloa defienden como parte de un trabajo acumulado para acercase a ese socio estratégico y permitir que se refuerce la relación con la Unión Europea.
Según fuentes de Presidencia del Gobierno, la visita, consensuada a todos los niveles con la Unión Europea (es decir, con el beneplácito de la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen), busca promover la caída de barreras comerciales que ahora mismo impiden la entrada de empresas españolas, lo que explica el elevado déficit comercial con el país.
Además, Sánchez se reunirá con empresas chinas con interés en invertir en España. La atracción se basa en sectores muy relevantes, dicen en Moncloa, como fabricación de baterías, la cadena de valor del hidrógeno o del coche eléctrico, puntales de la actual estrategia industrial del Ejecutivo, que busca reconvertir parte de la industria auxiliar del automóvil para dar servicio a la Defensa o la Transición Energética.