Tras las huellas sefardíes: qué ver, hacer y comer en la judería de Córdoba
Además de conocer el pasado judío a pocos metros de la Mezquita-Catedral, hay que perderse por las callejuelas de la judería de Córdoba para descubrir hermosos patios y suculentas tabernas

Callejón de la Luna en la judería. Foto: Turismo de Córdoba.
Tierra de sabios, de flores y de poetas, en la judería de Córdoba se escribieron alguna de las más brillantes páginas de Sefarad desde la llegada de los judíos hasta su expulsión en 1492.
Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, su judería es un laberinto de calles y callejones (adarves), recodos y plazoletas que se despliega desde la puerta de Almódovar hasta la Mezquita-Catedral y la actual sede episcopal, ubicada en el antiguo alcázar andalusí.
El barrio, en tiempos amurallado, incluye las actuales calles Judíos, Albucasis, Manríquez, Averroes, Judería, Almanzor, Tomás Conde, Deanes, Romero y las plazas del Cardenal Salazar, Judá Leví y Maimónides.
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Y, aunque no todos los judíos se asentaron aquí, sí es cierto que es el lugar donde hoy se pueden rastrear sus huellas, en lugares que van de la plaza de Tiberíades, con la escultura del médico, filósofo y escritor Maimónides a la sinagoga, una de las tres únicas conservadas en España de éopcoa medieval, pasando por el Museo de las Tres Culturas, la Casa del Judío, la plaza de Judá Leví y la Casa de Sefarad, un auténtico museo de la memoria.
Para que no te pierdas por sus laberínticas callejuelas, en esta ruta te contamos qué ver, qué hacer y dónde comer en la judería de Córdoba.
Historia del barrio de la judería de Córdoba
La judería de Córdoba, ubicada en el casco histórico de la ciudad, es una zona que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Este barrio, conocido como La Judería, conserva el típico trazado islámico con dos calles principales que se cruzan y una red de pequeñas calzadas que a menudo terminan en callejones sin salida o adarves. Los límites actuales de la judería se extienden desde la Puerta de Almodóvar hasta la Mezquita-Catedral y la sede episcopal, siguiendo un recorrido que incluye calles emblemáticas como Judíos, Albucasis y Judería, y plazas como las del Cardenal Salazar, Judá Leví y Maimónides.
La comunidad judía en Córdoba estaba inicialmente confinada dentro de un recinto amurallado, la judería de Córdoba, lo que servía tanto para protegerla como para aislarla. Este recinto tenía una puerta principal conocida como la del Malburguete, situada frente a la Mezquita-Catedral. A partir de 1260, los judíos comenzaron a expandirse fuera de la judería original, estableciéndose en áreas como San Salvador y San Andrés, y eventualmente en lugares más alejados como la Puerta Osario y el barrio de Santa Marina.
En 1272, Alfonso X el Sabio permitió que los judíos ocuparan otros barrios de la ciudad, consolidando la judería alrededor de la Mezquita. Aunque en 1478 fueron trasladados brevemente al barrio del Alcázar Viejo, lograron regresar a su recinto original al año siguiente. En la iglesia de San Miguel, junto a la antigua Puerta de los Judíos (Bab al-Yahud), se encontró una inscripción hebrea en un cipo funerario, testimonio de la presencia histórica de la comunidad judía en la ciudad.
La única sinagoga medieval de Andalucía
Cerca del rumor del Guadalquivir y entre ecos de flamenco, la tarde envuelve con un manto dorado la judería de Córdoba, uno de los grandes destinos de la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad que aglutina las ciudades con mayor herencia judía de nuestro país.
Tras franquear la Puerta de Almodóvar, en la misma calle Judíos, encontramos la pequeña sinagoga, del siglo XIV. Usado a lo largo de los siglos como hospital, capilla, sede del gremio de zapateros e incluso escuela infantil, en 1884 y de forma casual, fue redescubierto el uso original del edificio.
Se trata de la única sinagoga medieval que se conserva en Andalucía, profusamente decorada por alarifes musulmanes y en cuyos muros vuelven a verse las inscripciones en hebreo realizadas en yeso.
Casa Sefarad
A pocos metros, también en la calle Judíos, encontramos la Casa de Sefarad, museo e institución cultural que promueve la recuperación de la memoria judía en España. Sobre todo, a través del patrimonio intangible, como la literatura en judeo-español y ladino, o la música cantada en estas lenguas.
Así, en el patio de este antiguo palacio, que conserva la estructura original del siglo XIV, es habitual escuchar canciones sefardíes, como una forma de introducir al visitante en la historia de esa comunidad.
Además, cinco salas expositivas y un recorrido narrativo, así como una excelente biblioteca y centro de documentación, permiten adentrarse en la historia judeoespañola-sefardí.
Seguimos camino hacia la plazuela Tiberiades, donde se ubica la escultura de bronce de Moisés ben Maimón, más conocido como Maimónides, obra de Amadeo Ruiz Olmos.
Una plaza que se queda pequeña para un hombre tan grande, uno de los filósofos rabínicos más relevantes en la historia judaica, autor de obras científicas y quizás la figura hebrea más importante nacida en la península ibérica.
Melancólicamente sentado, sujetando un libro entre las manos, su escultura mira hacia la judería que le vio nacer y por el que un día transitaron el poeta Judá Leví o el intelectual y astrónomo Abraham Ibn Ezra.
Un paseo por el zoco
Más adelante, otra placita lleva el nombre de Maimónides, dicen que porque aquí se ubicaba la casa del filósofo autor de La guía de los perplejos, en un lugar hoy ocupado por el Museo Taurino de Córdoba.
Avanzamos hacia el Zoco Municipal de Córdoba, un edificio de estilo mudéjar de dos plantas y con patio porticado donde es posible conocer el trabajo de artesanos del cuero, la orfebrería o la cerámica. Justo en este lugar se ubicaría la alcaicería o zoco medieval, del siglo X, una suerte de mercado custodiado por la guardia califal donde se vendían lujosos productos como sedas, perfumes o especias.
También hay que dejarse caer por la Capilla San Bartolomé, en la calle Averroes, un templo cristiano de nave rectangular con bóveda de crucería que conserva un zócalo de azulejos y yeserías originales. Diferentes estudiosos relacionan el edificio con una antigua sinagoga.
Por último, merece la pena acercarse al Museo Arqueológico de Córdoba (Plaza de Jerónimo Páez, 7) donde se guarda una joya del pasado sefardí: la lápida funeraria de Yahuda bar Akon, una pieza de mediados del siglo IX que es el único resto material de la presencia judía en Córdoba durante el gobierno de los emires Omeya.
Un legado que también se come
El pasado sefardí en Córdoba no solo se ve, sino que también se saborea. El mejor lugar para hacerlo es el restaurante Casa Mazal (Tomás Conde, 3), en cuya carta se pueden encontrar numerosos platos directamente emparentados con la tradición culinaria sefardí.
Ensaladas, platos a base de berenjenas, hummus, cuscús, falafel o estofados de cordero desfilan por las mesas de Casa Mazal (en hebreo, Casa de la Fortuna), en una antigua casa al fondo de un adarve con patio andaluz que luce elementos originales del siglo XIV. También cuentan con menús kosher con certificado rabínico.
No menos atractivos son los patios del hotel boutique Las Casas de la Judería (Tomás Conde, 10) (), cuyo cuerpo central lo conforma la llamada Casa de las Pavas, que perteneció a la familia del gran poeta del Siglo de Oro, Luis de Góngora y Argote (de probados orígenes judíos).
Junto a este palacio se han recuperado varias casas solariegas para conformar uno de los alojamientos con más encanto y sabor histórico de la ciudad. También de los más lujosos.
Flamenquines, salmorejos y más
Otra dirección a tener en cuenta para comer en la judería cordobesa es Casa Pepe de la Judería (Romero, 1), originalmente fundado en 1920 con el nombre de Taberna del Triunfo por Manuel Criado y desde hace casi 30 años regentado por Miguel Cabezas Morón y Lola Carmona.
A pocos metros de la Mezquita-Catedral, aquí se degustan platos típicos de la gastronomía local elaborados con productos de primera (no te pierdas el rabo de toro o la mazamorra, una deliciosa sopa fría) que se sirven en el salón y un precioso patio andaluz.
En el número 45 de la calle Corregidor Luís de la Cerda, Bodegas Mezquita es otro buen lugar para abandonarse a la buena mesa y a la historia de la ciudad califal.
Ante las dudas, triunfarán con el salmorejo cordobés, la mazamorra con gelatina de Pedro Ximénez, las lagrimitas de pollo, las albóndigas mozárabes o las berenjenas califales como tapas, el cordero sefardí a la miel, los chipirones salteados o el atún en salsa de mojito como principales y el pastel cordobés o las torrijas con helado como postres.
Anota también en la agenda El Rincón de Carmen (Romero, 4) para disfrutar de los mejores embutidos del Valle de los Pedroches, entre otros, y Patio Romano (Deanes, 11).
Un poco más lejos, merece la pena el paseo a La Taberna del Río (Enrique Romero Torres, 7) por disfrutar de las vistas a la ribera cordobesa desde la terraza de la planta superior, por supuesto con un flamenquín o salmorejo cordobés, o bien alguna de sus propias creaciones.