El aeropuerto de Lleida tropieza con la escuela de formación tras prescindir de los vuelos comerciales

El aeropuerto de Lleida que gestiona la Generalitat de Catalunya pierde un 40% de pasajeros, entre aviación general y aviación comercial, en un año

Aeropuerto de Lleida. Fuente: Aeroports de Catalunya.

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El aeropuerto de Lleida-Alguaire, gestionado directamente por la Generalitat, no levanta cabeza. Se inauguró en 2010 como aeródromo comercial con el objetivo de alcanzar en el medio y largo plazo los 390.000 pasajeros. Pero hace cinco años cambió de dirección y estrategia para convertirse en el aeropuerto industrial de Catalunya. 

Desde entonces, está centrado en la actividad industrial, el mantenimiento de aviones y en los vuelos de formación, principalmente de la lituana BAA Training. Aunque también sigue operando una aerolínea comercial, Air Nostrum, con un vuelo al día, de ida y vuelta, tres días a la semana (viernes, domingo y lunes) a Palma de Mallorca. Vueling y Ryanair abandonaron el aeródromo al poco tiempo de empezar. 

En la temporada de invierno (como la de este 2022) se une algún touroperador, como la sueca Quality Travel, que gestiona viajes de esquí. Y durante el año se opera algún vuelo charter, de por ejemplo, equipos de futbol. Pero el cambio de rumbo tampoco le ha beneficiado, y las cifras de pasajeros e ingresos siguen muy lejos de las previsiones iniciales

Según los últimos datos publicados por Aeroports de Catalunya, el número de pasajeros -entre aviación general y aviación comercial-, que han pasado por el aeropuerto de Lleida entre enero y agosto han sido 24.150, un 40% menos que en los ocho primeros meses del año pasado, pese a ser el año de la recuperación del sector aéreo tras casi dos de bloqueo por el Covid.  

Su mejor año fue 2019, cuando alcanzaron los 58.000 pasajeros. En 2020, el primer año de pandemia esta cifra cayó considerablemente, hasta los 23.000, pero el pasado 2021 mostró una fuerte recuperación volviendo a los 47.000 pasajeros, gracias a las escuelas de vuelo. 

Sin embargo, lo datos que han trascendido de este 2022, hasta agosto, auguran que este será uno de sus peores años, pues las operaciones también han caído considerablemente, hasta menos de 12.000 frente a las 25.000 del mismo periodo de 2021, casi un 50% menos.  

Desde Aeroports de Catalunya explican que, la caída, tiene que ver con el número de alumnos de la escuela de formación, que ha descendido drásticamente y con ello, el número de vuelos. En el aeropuerto de Lleida han llegado a operarse unos 200 vuelos al día y ahora no llega a 50, reconocen. 

Lleida-Alguaire sigue sin generar beneficios doce años después de su estreno. El desembolso inicial, para su construcción, fue de 96 millones de euros. Entonces, las previsiones eran generar unos ingresos anuales cercanos a los 47 millones de euros, algo que nunca ha ocurrido. 

Aunque sus cuentas son poco conocidas, las declaraciones por parte de algún miembro de la Generalitat apuntaban a que el último año antes de la pandemia, 2019, rozaban los tres millones de pérdidas pese a ser su mejor ejercicio en pasajeros y operaciones.  

Greenpeace cree que la Generalitat es «muy opaca» con las cuentas

Greenpeace ha denunciado recientemente a través del informe “Chanchullos en el aire” que, la Generalitat se muestra muy opaca con sus cuentas y las ayudas públicas que concede a través de Aeroports de Catalunya, la Aena catalana.  

De hecho, apunta a que “su dificultad de localización es superior a la detectada en otros territorios”. Según los cálculos de la ONG, la Generalitat ha ofrecido subvenciones de 3,2 millones hasta 2023 a las aerolíneas que vuelen a Lleida-Alguaire. Estas ayudas se ofrecen desde 2021 «para el relanzamiento de rutas aéreas» con un máximo de 800.000 euros por aerolínea. 

En este sentido, recuerdan la polémica por las subvenciones que Ryanair ha recibido durante años para operar en Girona y Reus y que desde 2012, la Unión Europea ha investigado los acuerdos entre Ryanair y la Generalitat. En su informe, critica la opacidad de la administración para acceder a los contratos de estas ayudas, utilizadas por las aerolíneas para mantener unos vuelos que “nunca serían rentables sin estas inyecciones adicionales de dinero público”.

Y critican que en plena emergencia climática las administraciones sigan promoviendo los viajes en avión a pesar de ser el transporte más contaminante por persona transportada. Por ello, exigen a la UE ya los Estados miembros una prohibición de los vuelos cortos cuando se pueda ir en tren.  

Una medida ya aplicada parcialmente en Francia y que no sólo permitiría reducir las emisiones procedentes de la aviación, sino también evitaría importar queroseno desde Rusia en plena crisis energética. 

Cristina Hidalgo

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